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Científicos confirman el origen norteafricano de los guanches, los aborígenes canarios.

A lo largo del siglo XV, el reino de Castilla conquistó las Islas Canarias. Por entonces, estaban ocupadas por varias poblaciones que tenían distintas costumbres y que compartían diversos dialectos de la lengua Líbico-bereber. Los cronistas llamaron Guanches a los indígenas de Tenerife, Benehaoritas a los de La Palma y Bimbapes a los de El Hierro. Para su sorpresa, estos nativos permanecían aislados del continente africano y carecían de medios de navegación. ¿Cómo habían llegado, entonces, a las islas Canarias, atravesando una franja de océano de al menos 100 kilómetros? La pregunta quedó en el olvido, porque la cultura y la lengua indígenas desaparecieron de la faz de la Tierra. Los conquistadores aplastaron la resistencia y acabaron con muchos de los hombres de las islas. Los que sobrevivieron y quedaron en Canarias, sobre todo mujeres, se mezclaron progresivamente con los colonos peninsulares. Hoy, sus genes forman parte del ADN de los pobladores actuales.

Pero el ADN de las momias de los indígenas aún puede ayudar a desentrañar algunos de los misterios de los primeros pobladores. Un estudio que se acaba de publicar en PLOS ONE, elaborado, entre otros, por investigadores de la Universidad de La Laguna (Canarias), ha confirmado que estos indígenas provenían del norte de Africa y que llegaron allí durante el primer milenio después de Cristo, probablemente entre el año 300 y el 500. Los investigadores han llegado a estas conclusiones después de extraer el ADN mitocondrial –obtenido del interior de las mitocondrias, en las células– de 48 individuos procedentes de 25 yacimientos arqueológicos.

«La novedad más clara es que, por primera vez, tenemos muestras de ADN de todas las islas», ha explicado a ABC Rosa Fregel, primera autora del estudio e investigadora en la Universidad de La Laguna.

Estos datos genéticos tan amplios han revelado varios detalles muy interesantes. El primero y probablemente más importante es que el ADN ha confirmado que estos indígenas eran una población norteafricana que, desde el Neolítico, ya se habían mezclado con gentes provenientes de Europa y Oriente Próximo.

Toma de muestras en momias aborígenes en El Museo Canario (Gran Canaria)

Toma de muestras en momias aborígenes en El Museo Canario (Gran Canaria) - Desenfoque Produccciones

 

De hecho, según Fregel, antes de la colonización de Canarias algunas poblaciones de romanos y cartagineses ya habían llegado al norte de África y los bereberes ya se habían mezclado con europeos y magrebíes. «Probablemente, los aborígenes tendrían un aspecto similar a los de las otras poblaciones del norte de África: frecuentemente, tenían una piel clara de tono oscuro y cabello y ojos marrones. Pero también había personas con la piel, los ojos y el pelo más claros».

La muerte de los hombres aborígenes

Los datos han mostrado también un fenómeno característico de poblaciones coloniales: entre los aborígenes, sobrevivieron muchas más mujeres que hombres.

«Esto se debe a que, durante el proceso de conquista, mueren mayoritariamente los varones. Y a que, una vez que las islas fueron conquistadas, al principio la mayoría de los colonos que llegaron desde la península eran hombres». Por ese motivo, hoy en día existe un desequilibrio en el legado genético aborigen: en los varones canarios actuales hay menos huella de estos nativos que en las mujeres.

El material genético de las mitocondrias analizado también ha mostrado la existencia de cuatro linajes específicos de las islas Canarias. Esto concuerda con la hipótesis de que las islas fueron ocupadas por estos pobladores en el primer milenio después de Cristo, y que permanecieron aislados desde entonces. Sin embargo, los análisis genéticos también han mostrado que hubo al menos dos grandes eventos migratorios. Uno que permitió la colonización de todas las islas y otro que afectó a las islas orientales, Lanzarote y Fuerteventura y, en menor medida, a Gran Canaria.

Endogamia en Canarias

Además, según Rosa Fregel, el ADN ha revelado que existen importantes diferencias en la diversidad genética de las poblaciones aborígenes. Mientras que en islas grandes, como Tenerife y Gran Canaria, estas poblaciones parecen ser más diversas genéticamente, en las islas pequeñas, como en La Gomera, El Hierro, Lanzarote y Fuerteventura, la diversidad es más baja: «Esto quiero decir que eran poblaciones más pequeñas o que, en algún momento, fueron grandes pero vieron reducido su tamaño, quizás a causa de una hambruna o una sequía».

De hecho, es posible que los pequeños tamaños de población trajeran problemas relacionados con la endogamia: «En El Hierro se ha observado señales de enfermedades que podrían estar relacionadas con la endogamia. Y se sabe que en La Gomera, donde también había una diversidad genética baja, los aborígenes tenían unas prácticas matrimoniales exogámicas, en las que tenían prohibido casarse con alguien del mismo pueblo».

¿De dónde venían y por qué?

Todos estos interesantes detalles no responden a la que es, para Rosa Fregel, la mayor incógnita que queda por resolver: ¿Cuándo llegaron los aborígenes a Canarias? ¿Desde dónde venían y cómo atravesaron el océano?

«Gracias a la genética, sabemos que llegaron en grandes cantidades, al menos hasta las islas centrales», ha dicho la investigadora. «Desde el punto de vista arqueológico, sabemos que se desplazaron a las islas centrales con la intención de colonizarlas, porque viajaron con animales domésticos y semillas. Es decir, no fue una llegada fortuita».

Pero los datos del ADN no permiten determinar el momento exacto en que esto ocurrió. Para averiguar más es necesario, según Fregel, hacer más estudios de ADN antiguo en el norte de África. Una tarea ardua, porque el clima desértico daña mucho este tipo de muestras.

Lo siguiente, según ha dicho, es secuenciar genomas completos, extraídos de los núcleos de las células, de los restos de todo el archipiélago. Con ese tipo de análisis se puede aprender acerca de cómo eran estas personas o qué enfermedades padecían.

Todo esto es posible gracias al desarrollo de la secuenciación masiva y de los métodos de extracción de material genético, cada vez más sensibles y adaptados al material arqueológico.

Para Rosa Fregel, todo este esfuerzo sirve para comprender quienes somos: «El ADN antiguo es una pequeña ventana al pasado, un viaje atrás en el tiempo en el que siempre te encuentras con cosas que no te esperabas».

 

Fuente: www.abc.es

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