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El salvaje gesto del horror de la guerra.

La misma terracota que esculpe las férreas y valientes facciones de los guerreros del emperador Qin Shi Huang (258–210 a. c.) de Xi´an, gesticula los instantes de terror y dolor de mujeres y niños, los más vulnerables de la guerra, que ha retratado la artista noruega Marian Heyerdahl en más de sesenta esculturas, que se pueden ver en Santa Cruz hasta el 25 de julio. La exposición La mujer de terracota, inaugurada por primera vez en Pekín en 2007, llegó ayer a las salas del Espacio Cultural de la Fundación CajaCanarias de la capital tinerfeña de una forma completamente diferente a como se ha visto, con un discurso expositivo de luces y sombras que impactará al visitante e incluso conseguirá provocarle más de un escalofrío.

Un pecho extirpado, un balde de sangre, flechas en una barriga de embarazada, niños con bombas en las manos, vientres con cárceles, el venado abatido de Frida Kahlo, niñas violadas y bebés muertos son solo algunas de las duras imágenes visuales que propone la escultura en terracota y bronce de la hija del conocido explorador Thor Heyerdahl. Gris, rojo y negro son los colores del lenguaje de esta artista solidarizada con el sufrimiento de las víctimas de los conflictos bélicos.

Para el director de la Fundación, Alberto Delgado, se trata de "los elementos básicos de los conocidos guerreros: tierra, agua y fuego". "El valor del mensaje que transmite esta muestra nos obliga a tomar parte", aseguró Delgado.

La escultora noruega afincada en Italia reconoció ayer que "me gustaría no estar aquí haciendo esto pero a día de hoy sigue habiendo mucho sufrimiento en el mundo y por eso la muestra tiene sentido". "Me gustaría que estas mujeres estuvieran en Xi´an con sus esposos", reivindicó la creadora, que afirmó que "cada mujer y niño de esta exposición tiene voz propia y estoy segura de que las podrán escuchar". Heyerdahl recuerda desde pequeña ver noticias en la televisión de conflictos bélicos en los que no se habla del sufrimiento de los niños y mujeres. "Me pongo en su lugar y pienso ¿y si fuera mi hijo al que le va a caer una bomba?", explica la artista, que "tenía que hacer algo".

Esta muestra , que habla de las víctimas de la guerra con la idea de trasladar un mensaje de paz, llega por primera vez a España con esta cita tinerfeña, tras haber pasado por Pekín (China), Seúl (Corea del Sur) Estocolmo (Suecia), Delft (Holanda) y Milán (Italia). Para ahondar en esta reivindicación, Marian Heyerdahl participa este jueves en Frente al dolor de los inocentes, la primera mesa redonda que comienza a las 20:00 horas del foro de la Fundación Enciende la Tierra.

Heyerdahl era consciente de que inaugurar en Pekín era muy atrevido pues para los chinos los guerreros de terracota son un tesoro nacional. "Sabía que podía ofender y estaba preparada para marcharme con mis esculturas pero los ciudadanos entendieron muy bien que se trataba de un ejército de paz", recuerda la artista que obtuvo una muy buena repercusión.

La exposición se divide en varias plantas, incluyendo el hall de la entrada por la planta baja, que permite ver desde la primera alguna de las figuras desde arriba, como se hace en China con los guerreros de terracota. Las piezas seleccionadas para las otras salas "son las de mayor impacto y mensaje más poderoso", explica la artista, que insiste en incitar al visitante "a dialogar con ellas".

Espeluznante

La adaptación chicharrera de la muestra "La mujer de terracota" regala al espectador una auténtica experiencia a través del arte y el discurso de Heyerdahl, que no dejan indiferente, ofreciendo una vivencia íntima, sobrecogedora y hasta espeluznante. A la potente simbología se le une el uso del color. Por ejemplo, en la última planta, las salas pasan del blanco al rojo y, finalmente, la del fondo, al más tenebroso y tajante negro. Precisamente en estas zonas de oscuridad se encuentra una de las instalaciones más aterradoras, pues en la pared de una pequeña estancia gritan unas mujeres a través de unos barrotes. "Aquí quise reivindicar a las mujeres inocentes encarceladas", argumentó la artista.

Otra sensación que sobrecoge es la que desprende la instalación, casi aislada, que hay en una esquina. Para atravesarla hay que cruzar la fina rendija negra que parte en dos una tela, dejando entrar la luz. Una vez dentro, el impacto visual es irreversible: una hilera de cajas que se asemejan a ataúdes recorre las paredes de la negra habitación. El visitante recorrerá el pasillo con un aliento frío en la nuca –mal momento para ser consciente del aire acondicionado– hasta descubrir en el único punto de luz, cenital, al final de la estancia, a otro de los bebés fallecidos de la exposición, envuelto en ropa de combate de los guerreros de terracota. La música oriental de un vídeo que se proyecta en la sala contigua se cuelga entre las paredes. Escalofriante. Heyerdahl explica que "las cajas son las que utilizo para trasladar a mis mujeres y de lo que quise hablar en esta instalación es de las repatriaciones de los cadáveres tras los conflictos bélicos".

La primera vez que Heyerdahl vio a los guerreros de terracota de Xi´an estaba completamente sola porque acababa de abrir el museo y coincidía con un día festivo en el país. "Pasé cinco minutos contemplándolos, y los dejé de ver como soldados y me puse a pensar en quién habría detrás de cada uno", rememora la escultora. Su marido insistió en que comprase un souvenir y adquirió uno de tamaño real. Fue en su estudio de Noruega cuando, obsevándolo, se dio cuenta de sus rasgos femeninos por el peinado y la falda y pensó en ella, la mujer de terracota.
Creando estas decenas de figuras, hace años ya, Heyerdahl sufrió mucho. "El trabajo en el estudio de Pekín fue duro porque, aunque solía haber decenas de artistas trabajando en el mismo lugar, el frío me había dejado allí sola. Me despertaba de noche y me encontraba con ese bosque de mujeres sufriendo", recuerda la artista, que acabó acostumbrándose.

En otra de las salas habita un ángel en forma de niña guerrera que, a pesar de tener alas, no puede volar por estar enjaulada. Este querubín blanco, testigo de la barbarie de la guerra, se pregunta señalando al suelo, la Tierra, lo mismo que Heyerdahl: ¿Qué están haciendo?.

Fuente: www.laopinion.es

 

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